jueves, 5 de junio de 2008

La Religion en Schleiermacher

Por Rafael Frias

Friedrich D. E. Schleiermacher

Fue filósofo, predicador protestante (sacerdote), teólogo, iniciador de la hermenéutica y uno de los precursores de la filosofía de la religión, también fue uno de los representantes más genuinos del primer romanticismo. Nació en el año 1768, en Breslau, Alemania (hoy Polonia) y murió en 1834. Era hijo de un clérigo calvinista. Fue estudiante de F. von Schlegel, un líder del romanticismo en los círculos literarios de Berlín. Tradujo todas las obras de Platón, las cuales junto a algunos coetáneos de su tiempo influyeron su pensamiento. Schleiermacher vivió en una época privilegiada para el pensamiento filosófico y literario de occidente, ya que fue contemporáneo de Kant, Fitche, Hegel, Schelling, Horderlin, Schlegel y Novalis. En la época en que Schleiermacher publica sus Discursos se están dando en Europa una seria de debates acerca de la religión natural, la crítica bíblica, la postura kantiana sobre la metafísica y su concepción de la religión, y sobre el ateismo.

Contexto inmediato e influencias del romanticismo en el pensamiento de Schleiermacher

El contexto en el que Scheiermacher escribe sus “Discursos” sobre la religión se da a finales del siglo XVIII, época en la que él había entrado en contacto con los representantes y principales enunciados del primer romanticismo, el cual ha sido considerado como un cuestionamiento radical del proceso de racionalización de la cultura moderna. En tal sentido, el romanticismo se presentó como el adversario natural de la ilustración, oponiendo el sentimiento a la razón, la cual empobrece al hombre y lo reduce a una de sus dimensiones: “El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona”. (Holderlin). Schleiermacher tomó de los románticos dos concepciones que se encuentran explicitas en su obra. Primero, la idea de mito que venia a ser una reinvidicacion de la imaginación, de la fantasía, del misterio, del lado oscuro y un enigma de la existencia que daba cabida a la multiplicidad de sentido. Por tanto, el mito constituía un nuevo horizonte que permitía el retorno de la religión, contrario a los ilustrados que lo consideraban como erróneos y difusos (supersticioso). En segundo lugar, los románticos buscan reestablecer la relación antigua del hombre con la madre naturaleza: viva, infinita, múltiple, Uno y Todo. Mientras que para los ilustrados la naturaleza es una maquina que se puede manipular a través del conocimiento de sus leyes y su funcionamiento, por medio de la razón instrumental.

Autonomización de la religion

En sus “Discursos”, lo primero que Schleiermacher busca es autonomizar la religión y deslindarla de todo conocimiento, en especial de la metafísica y de la moral, ya que tradicionalmente se ha confundido o mezclado con estas. En ese sentido, Schleiermacher proclama la plena autonomía de la religión ante la metafísica y ante la moral. Y ello porque, por una parte, la metafísica, guiada por la razón, busca explicar el universo, conocer las últimas causas de lo que existe y formular verdades eternas. Por otra parte, la moral, a partir de la fuerza de la libertad y del voluntarismo, aspira a modificar las acciones de los seres humanos para mejorar el mundo. La religión, en cambio, no aspira ni al conocimiento ni a la modificación, ya que no es producto ni del intelecto ni de la voluntad, por tanto su esencia no es especulación ni praxis.

La religión para Schleiermacher

Para Schleiermacher la esencia de la religión es intuición y sentimiento. Toda intuición esta unida según su naturaleza a un sentimiento. Nuestros órganos sensoriales sirven de mediadores entre el Universo y nosotros. El Universo nos interpela y nos revela su existencia, la cual nos estimula de múltiples manera creando en nosotros un sentimiento que emerge de nuestro interior. La forma en que el universo se manifiesta en nuestras intuiciones constituye lo peculiar de nuestra religión individual. La fuerza de los sentimientos determina el grado de religiosidad. Para Schleiermacher “La intuición sin el sentimiento no es nada y no puede tener ni el origen ni la fuerza adecuadas, el sentimiento sin intuición tampoco es nada: tanto el uno como el otro solo son algo cuando, y debido a que, originalmente son una misma cosa y se dan inseparado.” (pp. 49). Lo que el hombre intuye y percibe no es la naturaleza del Universo, sino su acción sobre nosotros. El universo se encuentra en una actividad ininterrumpida y se nos revela a cada instante”. Cada forma que él produce, cada ser particular, cada acontecimiento que el hace surgir, es una acción de él mismo sobre nosotros, de modo, que es el quien nos intuye. “La religión consiste en concebir todo lo particular como parte del Todo, todo lo limitado como una manifestación de lo Infinito. De modo que, querer ir más lejos y penetrar profundamente en la naturaleza y en la sustancia del Todo, no es religión, de hacerlo, caerá en mitología vacía”.

La religión es la intuición y sentimiento de lo infinito, y como la intuición del infinito es infinita, por tanto la religión es infinita, en ese sentido no puede hacerse un sistema o un catalogo de las intuiciones, ya que en el concepto de sistema subyace la idea de finitud y limitación. En vista de que la religión es infinita, todos deben ser consiente que la suya constituye una parte del todo o de la verdadera religión. Así Schleiermacher justifica la existencia de muchas religiones, las cuales toman una particularidad y la consideran como una realidad suprema. A la critica de los ilustrados sobre la religión, de que solo a traído persecuciones, odios, guerra, y divisiones entre la sociedad. Schleiermacher va responder así: “Acusad de esto a aquellos que corrompen las religión, que la inundan con filosofia y la quieren someter a las ataduras de un sistema (pp.43)”. Esto porque la filosofia busca un saber común (universal) para todos, sin embargo la religión no busca que todos los que creen sientan bajo una misma fe y un mismo sentimiento, sino que ella se ocupa de abrir los ojos a aquellos que no son capaces de intuir el universo. La religión tampoco se pude enseñar según Schleiermacher, ya que no pendemos enseñar a los demás a intuir ni a que responder con una reacción ante determinada impresión, sino que lo que podamos decir o comunicar a los demás, solo constituye una sombra de nuestras intuiciones y sentimientos. El hombre nace con la tendencia a la religión, sin embargo la educación y los intelectuales buscan inhibírselo.

Según Schleiermacher, la metafísica y la moral ven al hombre como el centro del universo y de todas sus relaciones, el cual constituye la condición de todo ser y causa de todo devenir, así, el hombre no se concibe como parte del universo. Mientras que la religión busca ver al hombre como un ser particular y finito dentro del Todo o Universo, que es manifestación o huella de lo infinito. De este modo el hombre es sagrado y constituye una parte del Universo Infinito. Para Schleiermacher, Dios es un elemento de la religión. Dios no es necesario para que haya religión, ya que esta que no es dependiente de él, tener religión significa intuir el universo, y sobre el modo como lo intuís. De esta manera, Schleiermacher no descarta la posibilidad de un ateismo religioso.

La postura de Scheiermacher sobre la región se inscribe en el pensamiento romántico y viene valorar aquella dimensión del hombre prescindo por los ilustrados. El problema de la concepción de la región en Schleiermacher, es que tiende a una subjetivizacion de la religión, ya que esta ha de surgir de la intuición inmediata del ser humano con el Universo.

Bibliografía:

F. Schleiermacher, Sobre la religión, Editorial Tecnos, S.A. Madrid, 1990.

1 comentario:

Christian Ortiz dijo...

Buen aporte, llevaba buscando claridad en lo que Schleiermacher quiere decir, pues por el lenguaje y tantas críticas a los que hacen subjetivismo con la religión, no es muy fácil entender un concepto concreto de lo que es religión para este teólogo. Muy buen aporte.