A partir del siglo XVII, René Descartes inaugura una nueva época en el pensamiento filosófico de Occidente, marcada por una nueva cosmovisión antropocéntrica. Descartes es considerado como el padre de la filosofía moderna, gran matemático e iniciador del racionalismo. En este trabajo trataré de presentarles la forma cómo Descartes aborda el problema de Dios en sus “Meditaciones Metafísicas”, específicamente en la tercera y quinta meditación. Debido a la agudeza de estos escritos, daré prioridad a las ideas que nos ayuden a lograr nuestro cometido, teniendo de fondo lo visto hasta el momento en el curso.
La importancia de probar la existencia de Dios, es que para Descartes, la creencia y el temor a Dios ayudaba a las personas a actuar moralmente, lo que constituye un bien. Pero Descartes veía que a los infieles o ateos no se les podía hablar o probar tal cuestión desde la fe, sino que debía de hacerse desde la filosofía o luz natural. Esta cuestión que Descartes se propone resolver, ya había sido tratada en el Discurso del Método, aunque con menos agudeza. Por tanto, ahora con una mayor madurez se propone abordar nuevamente este problema de una forma más exhaustiva. El objetivo que persigue Descartes en las meditaciones metafísicas es primero, probar la existencia de Dios. Segundo, mostrar que la naturaleza del alma (de la mente) es diferente a la del cuerpo. En este trabajo nos enfocaremos en el primero, que es el que nos interesa.
Prueba cosmológica de la existencia de Dios (tercera meditación)
Descartes encuentra que existe en él la idea de Dios, por tanto se plantea la siguiente cuestión ¿de dónde le viene esa idea? Por Dios entiende “una sustancia infinita, independiente, que sabe y en el más alto grado y por la cual he sido creado yo mismo con todo lo demás que existe, si es que existe algo más”[1]. En primer lugar, Descartes encuentra que estos atributos son de tal género o naturaleza que parece que no proceden del él. De forma que, aunque exista en él la idea de sustancia, en vista de que él es una sustancia, no puede existir en una sustancia finita (el hombre), la idea sustancia infinita (Dios), al menos que haya sido puesta en él por una sustancia infinita (Dios). Por tanto, deriva de ahí la existencia necesaria de Dios como sustancia infinita.
En segundo lugar, Descartes sostiene que no se debe pensar que la idea de infinito es percibida por la negación de lo finito (oscuridad-luz). Sino que para él hay más realidad en la sustancia infinita que en la finita. De ahí que para Descartes la percepción de la sustancia infinita (Dios) se produce primero que la de la finita (sí mismo). Uno percibe que es imperfecto, (que le falta algo, que duda, desea) por que ya tiene la idea de la perfección, por tanto esta es primera y corresponde a Dios. Para Descartes la idea de Dios es la más clara, definida ya que todo lo que es real y verdadero y que encierra alguna perfección está contenido en ella. Por otra parte, si todas la perfecciones que le atribuyo a Dios existen potencialmente en mí, de modo que mi conocimiento aumenta paulatinamente, sería esto mismo una prueba de mi imperfección, no obstante, en la idea de Dios no hay nada en potencia. “Dios es infinito en acto de tal modo que nada puede añadirse a su perfección”.[2]
Argumento Ontológico (quinta meditación)
Descartes parte de que se está acostumbrado a distinguir o separar en las cosas, la esencia de la existencia. No obstante, de la misma manera que no se puede separar de la esencia del triangulo el tener tres ángulos y sus demás propiedades, ni pensar en un monte al que le falte un valle, tampoco podemos pensar en un ente sumamente perfecto (Dios) que le falte la existencia, es decir, una perfección. De modo que en Dios no se puede separar la esencia de su existencia, de hacerlo, ya no sería sumamente perfecto.
Pero del hecho que no se piense una cosa separada de la otra, no se deduce que exista. De modo que, el hecho de que piense a Dios como existente, no significa que exista. El pensamiento no impone ninguna necesidad a las cosas. Puedo imaginar un caballo con alas aunque no exista, de la misma forma puede imaginar a Dios con existencia aunque no exista ningún Dios. Dios no existe porque lo cree mi pensamiento sino que se da lo contrario. La existencia de Dios me obliga a pensarlo. De modo que yo no puedo concebirlo sin existencia como se puede pensar un caballo con o sin alas. La idea de Dios lleva en si mismo la seguridad de su existencia. En las ideas de los otros entes solo encontramos su posibilidad de existir, mientras que la idea de Dios supone su necesidad de Existir.
En la antigüedad se identificaba a Dios con elementos de la naturaleza, de modo que la naturaleza aparecía como viva y divinizada. En ese sentido, en las primeras culturas, el sol y la tierra constituían divinidades. Posteriormente, en la época medieval marcada filosóficamente y teológicamente por San Agustín y Santo Tomás, existía una visión monoteísta. Dios aparecía como el autor de la creación. En Agustín el conocimiento o la explicación de Dios partía de la naturaleza, y a través de su recorrido veía la ausencia de Dios en esta. Al igual que Agustín, Tomás parte de la naturaleza para explicar la existencia de Dios, pero contrario a Agustín, la naturaleza es para Tomás manifestación de Dios. Tomás conoce a Dios partiendo de la experiencia del mundo y lo concibe como el Ser que da a todas las cosas el ser. En Descartes, que es racionalista, para el cual el conocimiento proviene de la razón o pensamiento y no de los sentidos; el conocimiento de Dios no parte de la naturaleza como en los medievales, sino que parte de la conciencia del sujeto pensante, es decir, del pensamiento. Esto se explica por el hecho de que Descartes duda de la existencia del mundo, por tanto no puede partir de este para explicar a Dios. De forma que parte de la única verdad o principio del que no tiene la menor duda: pienso, y por tanto, existo. Si deja de pensar, dejaría también de existir. Finalmente, podemos concluir que los medievales partieron de la creación o naturaleza para explicar a Dios, mientras que Descartes explica la existencia de Dios a partir del sujeto pensante y de la existencia de Dios, deriva la existencia de la naturaleza o del mundo.




