sábado 26 de septiembre de 2009

Dios en Descartes

A partir del siglo XVII, René Descartes inaugura una nueva época en el pensamiento filosófico de Occidente, marcada por una nueva cosmovisión antropocéntrica. Descartes es considerado como el padre de la filosofía moderna, gran matemático e iniciador del racionalismo. En este trabajo trataré de presentarles la forma cómo Descartes aborda el problema de Dios en sus “Meditaciones Metafísicas”, específicamente en la tercera y quinta meditación. Debido a la agudeza de estos escritos, daré prioridad a las ideas que nos ayuden a lograr nuestro cometido, teniendo de fondo lo visto hasta el momento en el curso.

La importancia de probar la existencia de Dios, es que para Descartes, la creencia y el temor a Dios ayudaba a las personas a actuar moralmente, lo que constituye un bien. Pero Descartes veía que a los infieles o ateos no se les podía hablar o probar tal cuestión desde la fe, sino que debía de hacerse desde la filosofía o luz natural. Esta cuestión que Descartes se propone resolver, ya había sido tratada en el Discurso del Método, aunque con menos agudeza. Por tanto, ahora con una mayor madurez se propone abordar nuevamente este problema de una forma más exhaustiva. El objetivo que persigue Descartes en las meditaciones metafísicas es primero, probar la existencia de Dios. Segundo, mostrar que la naturaleza del alma (de la mente) es diferente a la del cuerpo. En este trabajo nos enfocaremos en el primero, que es el que nos interesa.

Prueba cosmológica de la existencia de Dios (tercera meditación)

Descartes encuentra que existe en él la idea de Dios, por tanto se plantea la siguiente cuestión ¿de dónde le viene esa idea? Por Dios entiende “una sustancia infinita, independiente, que sabe y en el más alto grado y por la cual he sido creado yo mismo con todo lo demás que existe, si es que existe algo más”[1]. En primer lugar, Descartes encuentra que estos atributos son de tal género o naturaleza que parece que no proceden del él. De forma que, aunque exista en él la idea de sustancia, en vista de que él es una sustancia, no puede existir en una sustancia finita (el hombre), la idea sustancia infinita (Dios), al menos que haya sido puesta en él por una sustancia infinita (Dios). Por tanto, deriva de ahí la existencia necesaria de Dios como sustancia infinita.

En segundo lugar, Descartes sostiene que no se debe pensar que la idea de infinito es percibida por la negación de lo finito (oscuridad-luz). Sino que para él hay más realidad en la sustancia infinita que en la finita. De ahí que para Descartes la percepción de la sustancia infinita (Dios) se produce primero que la de la finita (sí mismo). Uno percibe que es imperfecto, (que le falta algo, que duda, desea) por que ya tiene la idea de la perfección, por tanto esta es primera y corresponde a Dios. Para Descartes la idea de Dios es la más clara, definida ya que todo lo que es real y verdadero y que encierra alguna perfección está contenido en ella. Por otra parte, si todas la perfecciones que le atribuyo a Dios existen potencialmente en mí, de modo que mi conocimiento aumenta paulatinamente, sería esto mismo una prueba de mi imperfección, no obstante, en la idea de Dios no hay nada en potencia. “Dios es infinito en acto de tal modo que nada puede añadirse a su perfección”.[2]

Argumento Ontológico (quinta meditación)

Descartes parte de que se está acostumbrado a distinguir o separar en las cosas, la esencia de la existencia. No obstante, de la misma manera que no se puede separar de la esencia del triangulo el tener tres ángulos y sus demás propiedades, ni pensar en un monte al que le falte un valle, tampoco podemos pensar en un ente sumamente perfecto (Dios) que le falte la existencia, es decir, una perfección. De modo que en Dios no se puede separar la esencia de su existencia, de hacerlo, ya no sería sumamente perfecto.

Pero del hecho que no se piense una cosa separada de la otra, no se deduce que exista. De modo que, el hecho de que piense a Dios como existente, no significa que exista. El pensamiento no impone ninguna necesidad a las cosas. Puedo imaginar un caballo con alas aunque no exista, de la misma forma puede imaginar a Dios con existencia aunque no exista ningún Dios. Dios no existe porque lo cree mi pensamiento sino que se da lo contrario. La existencia de Dios me obliga a pensarlo. De modo que yo no puedo concebirlo sin existencia como se puede pensar un caballo con o sin alas. La idea de Dios lleva en si mismo la seguridad de su existencia. En las ideas de los otros entes solo encontramos su posibilidad de existir, mientras que la idea de Dios supone su necesidad de Existir.

En la antigüedad se identificaba a Dios con elementos de la naturaleza, de modo que la naturaleza aparecía como viva y divinizada. En ese sentido, en las primeras culturas, el sol y la tierra constituían divinidades. Posteriormente, en la época medieval marcada filosóficamente y teológicamente por San Agustín y Santo Tomás, existía una visión monoteísta. Dios aparecía como el autor de la creación. En Agustín el conocimiento o la explicación de Dios partía de la naturaleza, y a través de su recorrido veía la ausencia de Dios en esta. Al igual que Agustín, Tomás parte de la naturaleza para explicar la existencia de Dios, pero contrario a Agustín, la naturaleza es para Tomás manifestación de Dios. Tomás conoce a Dios partiendo de la experiencia del mundo y lo concibe como el Ser que da a todas las cosas el ser. En Descartes, que es racionalista, para el cual el conocimiento proviene de la razón o pensamiento y no de los sentidos; el conocimiento de Dios no parte de la naturaleza como en los medievales, sino que parte de la conciencia del sujeto pensante, es decir, del pensamiento. Esto se explica por el hecho de que Descartes duda de la existencia del mundo, por tanto no puede partir de este para explicar a Dios. De forma que parte de la única verdad o principio del que no tiene la menor duda: pienso, y por tanto, existo. Si deja de pensar, dejaría también de existir. Finalmente, podemos concluir que los medievales partieron de la creación o naturaleza para explicar a Dios, mientras que Descartes explica la existencia de Dios a partir del sujeto pensante y de la existencia de Dios, deriva la existencia de la naturaleza o del mundo.



[1] Descartes, R., Meditaciones Metafísicas, Aguilar, Buenos Aires, 1975, p.78

[2] Ibid, p80

viernes 16 de enero de 2009

La aportacion de Fornet Betancoult al Pensamiento Latinoamericano

Fornet Betancourt ha aportado algunos elementos novedosos al pensamiento latinoamericano, entre ellos un discurso plural en el que se aboga por el reconocimiento y el respecto de las culturas latinoamericanas. Este discurso plural supone la existencia de culturas y no de "una cultura". Esta postura constituye un rompimiento con la categoría de “la cultura latinoamericana” y con su tendencia homogeneizante y unificadora. Concomitantemente con el rompimiento de la categoría de “la cultura latinoamericana”, también rompe con la idea de una cultura estática, cerrada e irenica. En ese sentido, para Fornet las culturas constituyen reservas que sirven de punto de apoyo para la persona, por tanto, no son entidades inmovibles y cerradas, sino que ellas están abiertas al cambio y poseen conflictos internos que dan lugar a la dialéctica opresión-liberación. Las culturas hacen al individuo y el individuo las hace a ella. Esta dialéctica entre cultura-individuo, prevé la libertad del los sujetos, por lo que no constituye un mero determinismo.

Como hay culturas, no hay una sola identidad, sino que hay identidades en América Latina. Fornet rompió con la tendencia reduccionista que condujo a los pensadores latinoamericanos a homogeneizar las culturas en la búsqueda de una identidad cultural de América Latina, según la cual tenemos un origen, una raza, una lengua y una religión. Otro de los elementos aportados por Fornet al pensamiento latinoamericano es el dialogo intercultural el cual presupone la existencia de una pluralidad cultural y la nueva concepción de la cultura que prevee la dialéctica determinación-libertad y opresión-liberación. Este dialogo intercultural constituye una alternativa diferente a la que optaron los pensadores latinoamericanos: el modelo civilizador. Este se concebía como la única alternativa viable para superar la barbarie en la que se encontraba sumergida América Latina, y conducirla hacia el progreso. Así la civilización se veía como una nueva etapa que superaba la barbarie y el colonialismo precedente. No obstante, según el autor el modelo civilizador constituye uno de los problemas centrales de nuestra época.

La postura intercultural rompe con el dualismo que desde sus inicios había acompañado al pensamiento latinoamericano. En ese sentido se hablaba de colonizados-colonizadores, civilización-barbarie, oprimidos-opresores, etc. La filosofía intercultural prevé la existencia de muchas posturas que interactúan, en ese mismo orden no habla de filosofía, sino de filosofías o perspectivas filosóficas. Por ultimo quiero mencionar la relectura que hace la postura intercultural del pensamiento latinoamericano a fin de transformarlo para que se adapte al contexto intercultural actual.

jueves 15 de enero de 2009

¿Cómo Fornet Betancourt retoma y reinterpreta la oposición de Sarmiento entre “Civilización” y Barbarie”?.

Fornet parte exponiendo la distinción que Sarmiento había hecho entre “Civilización” y “Barbarie”. En esta Sarmiento sostenía que la civilización era el camino o la alternativa socio-cultural que debía seguir América Latina para superar el estadio de la “Barbarie” en que se encontraba, producto de la permanencia indígena y de la herencia colonial ibérica que según el positivismo correspondía a un estado teológico que había que superar. Para Sarmiento la civilización es una etapa superior a la barbarie, por tanto la barbarie es siempre anterior a la civilización. En ese sentido, para Sarmiento la barbarie no puede coexistir con la civilización, sino que necesariamente tiene que ser superada por la nueva etapa que en este caso que es la civilización.

Fornet Betancourt hace una reinterpretación de esta contradicción propuesta por Sarmiento, sosteniendo que nuestro tiempo muestra una ambivalencia referente a esa oposición, ya que es productora y reproductora de “Civilización” y “barbarie” a la vez. “La barbarie no es anterior, sino contemporánea a nuestro tiempo”. No se trata de que estamos viviendo una barbarie que es anterior, que pertenece al pasado, sino que es coetánea a nuestro tiempo, por tanto, la civilización no resulta ser la alternativa para solucionar los problemas humanos, sino que, esta hoy constituye uno de los principales problemas de la humanidad. Esta alternativa a generado el llamado “huracán de la globalización”. Se le llama huracán por que se percibe como una fuerza destructora que acaba con las diferencias culturales y ataca la propia vida en sus diferentes dimensiones.

Según Fornet, la barbarie que tenemos en esta época son la destrucción de las culturas, la exclusión social, la destrucción ecológica, el racismo, el reduccionismo de nuestra visión de creación, el desequilibrio cósmico, el hambre y la desnutrición. Ya el propio Martí, lo sugería que la mimesis del modelo civilizatorio europeo o yanqui no daban solución a los problemas de América Latina. En consonancia con el pensamiento de Martí, Fornet nos presenta una alternativa diferente al modelo civilizador, cimentada en el recurso de “la diversidad cultural como pluralidad de visiones del mundo”. Esta propuesta esta en contra del modelo civilizador que cuyo fin es crear una cultura mundial uniforme u homogénea. Para Fornet la solución no la constituye la cultura como tal, pero ellas son el camino para alcanzar las soluciones viables y universalizables.

Estoy de acuerdo con la idea de Fornet de que en nuestra sociedad existe barbarie. Ese dogma positivista de que un estadio necesariamente supera al otro es una idea que ya se ha abandonado. Pues la realidad nos da cuenta que la “civilización” y la “barbarie” coexisten. Por otra parte, creo que algunas de las barbaries que Fornet dice que tenemos en esta época y que han sido generadas por la “civilización”, han existido de antaño como el hambre, el racismo, y la exclusión, de modo que no son propias de la época “civilizada”. No obstante, corroboro la idea de Fornet de que la “Civilización ha generado nuevas barbaries, hoy habría que pensar en el terrorismo, los ataques de virus cibernéticos por mencionar algunos. En lo adelante, lo que resta por ver es ¿en que consiste la propuesta intercultural de Fornet? y si es viable.